Sexo de Madrugada una Noche de Verano entre Cubata y Cubata

Publicado en Por Lobo Feroz

Sexo de Madrugada una Noche de Verano entre Cubata y Cubata es un relato gay de algo que ocurrió hace mucho tiempo, una de esas memorias de las cuales uno siempre se alegra al recordar.

Por aquel entonces solíamos salir sobre todo los jueves, que era la mejor noche. Esto era debido a que los «quinceañeros» tenían que ir al insti al día siguiente y a que los oficinistas domingueros también tenían que currar al día siguiente. Recuerdo que los bares estaban siempre abarrotados mayormente con la peña del barrio y con algún que otro turista que buscaba desfogarse de la rutina diaria que había venido a olvidar.

La noche se presentaba placentera. Una de esas noches de Junio que te permiten salir en mangas cortas sin necesidad de preocuparte por el relente de la madrugada. El placer de poder pasearte por la city a cualquier hora sin tener que preocuparte de la temperatura lo hacía todo más apetecible, como si la ciudad estuviese todavía sin descubrir, como si hubiera que explorar cada rincón, cada esquina, cada ténue luz que alumbraba el camino hacia el siguiente garito.

Nos fuimos de tapeo para variar. La comida, combinada con los amigos y la cerveza, siempre sienta bien.

Después de un buen rato nos fuimos a un bar que solía poner canciones de rock de grupos españoles. Nos tomamos unos cuantos cubatas hasta que dieron las 12 o la 1 y decidimos cambiar de garito. Era hora de mudarse a algo más movido.

Nos fuimos a una disco cercana más movida. Normalmente se ponía hasta la bola asi que no era el típico sitio al que podías entrar asi sin más. Recuerdo a uno de los porteros, un completo gilipollas que no follaba ni pagando. Pero bueno, a cada cual lo suyo.

Total que como ya nos conocían nos dejaron pasar sin mucha parafernalia.

La música sonaba y casi todos bailábamos, o íbamos por cubatas y volvíamos a bailar. La noche seguía su ritmo al compás de la música sin prisa pero sin pausa.

Hasta que de repente le ví.

Comenzamos a hablar tranquilamente mientras sorbíamos nuestros cubatas poco a poco. Demasiado poco a poco. Como si tuviéramos que lamer y saborear cada gota que caía en nuestra boca.

Bromeamos durante un largo rato. La verdad que no se cuanto tiempo pasó, es como si el reloj se hubiese detenido y de repente solo hubiera un objetivo, él!

De re pente me lo propuso… ¿te apetece follar?

Una repentina tensión se apoderó de mi cuerpo. De mi cuerpo, mi mente, mi polla… todo deseaba eso y precisamente en ese momento.

Yo: SÍ. ¡Vamos a follar! ¿Dónde?

Él: Aquí, a la vuelta de la esquina. Tu sales, tuerce la esquina y métete en este portal. Salgo yo primero, te estaré esperando.

Esperé a que él saliera del garito y a los 5 minutos le seguí. Me esperaba con la puerta del portal entreabierta y con una mirada de complicidad entré. Subimos hasta el final de la escalera intercambiando únicamente miradas, sin decir nada. El último tramo daba con el acceso a la azotea por lo que no había vecinos.

Al llegar al segundo o tercer piso empezó a tocarme y yo a él. Ni se como llegamos al último piso con los pantalones puestos.

Una vez llegamos al final de una escalera que se me antojó eterna, empezamos a comernos mutuamente mientras nos quitábamos la ropa en el rellano.

Su polla estaba dura, dura y lista para follar. Sin embargo comenzó por comerme la mía mientras me metía el dedo. Se metía mi polla en su boca una y otra vez, y su dedo penetraba mi culo con un ritmo delicioso, como si estuviera hecho para él.

Al rato tuve que separar su boca de mi pene, él se puso un condón, y yo me puse a cuatro patas para que me follara, para que metiera su polla en mi culo sin contemplaciones, para que me hiciera correrme y disfrutar como un cabrón.

Se puso el condón y empezó a follarme. Al principio poco a poco, intentando ser cauto. Agarró mi polla con su mano mientras me follaba y empezó a masturbarme al mismo tiempo.

Y me la metía, y me la volvía a meter mientras su mano masturbaba mi polla. Me penetraba hasta el fin, cada vez más fuerte, sin contemplaciones.

Yo sentía su polla en mi culo, golpeando mis nalgas una y otra vez, hasta el fondo, mientras me seguía masturbando.

Y me folló clavándome su polla una y otra vez hasta que nos corrimos los dos.

La relajación invadió mi cuerpo después después de la satisfacción recibida. Nos fumamos un cigarro y terminamos nuestra charla camino de vuelta al garito.

No le volví a ver. Tampoco me importa. Esa noche disfrutamos como cosacos los dos.

No recuerdo a qué hora terminamos aquella noche pero seguro no fue temprano. Hay momentos, como hoy, en los que recuerdo algunos de esos momentos deliciosos, esos momentos que te dejan un sabor de satisfacción y placer, esos momentos que se quedan en la memoria para siempre.

 

¿Que mayor placer que el compartido?

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